Algunas veces las cámaras de fotos (las digitales más que ningunas otras) deciden tomar vida propia, y cambian este color por este otro, espera que te pongo un poco más de luz, espera que me muevo cuando no quieres y cuando quieres me quedo quieta. Ya no recuerdo si en este caso ha cambiado muchas cosas. Hubo una tormenta esta tarde. Con rayos y centellas, de las que asustan pero no muerden (aunque se carguen las pobres flores de la terraza). Así se veía por la ventana el cielo gris, sin un solo desconchón (tan liso).La lluvia en general no habla: deletrea. Hoy le ha dado tiempo a contar un montón de historias de todas las letras que ha soltado en unos pocos minutos. Unas lluvias deletrean más rápido que otras; por eso a veces, no se les entiende nada, porque se aturullan y lo sueltan todo de golpe o de carrerilla.
Deletrean como tambores en los techos de lata.
Y ¿a dónde van todas esas letras derramadas por las calles?.
Las que se pegan a los abrigos, acompañan al que entra en la cafetería, y se hacen palabra si se sienta alguien delante. Y se hacen palabra si lee el periódico (o algún libro de los que no se entienden y por eso se lee en una cafetería... ).
Las que caen sobre los paraguas, se tiran tobogán abajo, para amontonarse entre los adoquines del suelo. En las rendijas forman palabras cruzadas en un Scrabble infinito.
Las letras que forman charcos, se quedan un rato juntas, queriendo convertirse en cuento o relato.
Las que caen dentro de las fuentes llegan para corregir las faltas de ortografía del gran libro del agua.
Otras chocan contra los cristales de los rascacielos con la esperanza de entrar en las oficinas con faxes silenciosas y llenarlas de chistes malos y graciosos.
Algunas letras deletreadas entran en la tierra de las macetas y se hacen canción, para que el verde suba, suba, suba...
Si deja de deletrear, cuando llega el calor todas las letras vuelan al cielo (se condensan, como la lechera), y aguardan el momento en que las nubes vuelvan a reventar para inundar de nuevo la tierra de palabras.
(Y por eso, nunca debe dejar de llover del todo).
* ¿Y las que caen al mar?
Nadie lo sabe, porque aún no se conoce a alguien capaz de leerse todo el mar.
(O de escucharlo).
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[Guiño oceánico]

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