miércoles, 25 de abril de 2007

Inventario

Cosas que he encontrado últimamente en los suelos de las calles:

· Un billete de tren Lleida - Madrid. Costó 32,95€. Coche 4 · asiento 14C
· Una nota rasgada con el número 8253 escrito con rotulador verde
· Una pegatina de equipaje de Alitalia, de un Capitán que estaba alojado con Ethiopean Airlines
· Una foto de carnet desenfocada de una niña con un jersey verde
· Dos billetes del metro de París, en dos días diferentes separados entre sí (pero encontrados en el mismo sitio)
· Una tarjeta de embarque del vuelo AB 9532 Milán a Palma de Mallorca. Asiento 11F
· Otra tarjeta de embarque del vuelo XL 730 Guayaquil - Madrid
· Las dos primeras hojas de "Recuerdos olvidados y otros relatos" de Benedetti
· Una pinza-corazón azul gigante, con un dibujo de una niña-sol y unas palabras en checo que Dios sabe qué significan
· Una hoja de un pasaporte de República Dominicana, con un sello y una firma de una tal Daniela (Encargada de la Oficina de Pasaportes), de 1990
· Una cuenta de collar de fimo, bastante grande. No es muy bonita, pero es suave
· Un círculo del tamaño de la moneda de 2€ de papel metálico dorado
· Un trozo de una tarjeta de solicitud de algo, con datos personales de Rudolf, nacido en Praga el 04.03.1970 (a las puertas de la comisaría)
· Dos pedazos de una carta en la que alguien le dice adiós a otra persona [dice "(...)te digo adiós"]


· Y mi preferida: Una tarjeta de visita de Petrita, con tres teléfonos y un número de fax. De la calle Carretas, en Madrid (debajo de "Petrita" pone "SERVICIO DOMÉSTICO")


Y una historia recopilada de la calle también:
Mientras cruzaba la calle Alcalá nada más salir de trabajar, camino de Correos, los coches, como en cada semáforo de la ciudad, parecían a punto de echarse encima de los que cruzábamos.
Entre ellos había un pequeño coche amarillo, cuadradote, viejo. Y dentro dos señores ejecutivos, medio agachados porque el techo les venía pequeño. Con su traje y su corbata. El conductor, con gafas de sol y gomina en los rizos, estaba cabreado hablando por el móvil, y haciendo aspavientos. Como no le cabían los aspavientos dentro del mini-coche, pues le salía el brazo camisero por la ventanilla.

Y fue como si algún gracioso hubiera pedido un deseo a una lámpara mágica, y ¡zas! con un chasquido de dedos, hubiera intercambiado su pequeña lata de sardinas amarilla por un flamante BMW. A lo mejor el ejecutivo de la gomina andaba quejándose a los altos jefes de Los Genios de Lámparas de que habían cometido un terrible error.
Ya me imagino el descapotable gris oscuro parado en mitad del campo esperando a que terminen de pasar las ovejas...

martes, 17 de abril de 2007

¡Co-re-a! ¡Co-re-a!

Y ya después de salir y volver y entrar y andar entre medias, me parecía hora de contar algunas cositas. Me fui a Praga, volví de Praga. En respuesta al aluvión de quétales (normales, por otro lado), mi respuesta está siendo más o menos parecida: diferente de lo esperado, muy importante y Praga mejor de noche.

Como siempre, cada cual cuenta en la postal lo que ve allá por el sitio viajado. Así que para mi fue mejor de noche, y segurísimo que hay quien me lo contradice con toda la razón del mundo. He andado por las mismas calles más de veinte veces (algunas de esas veinte veces fue por haberme perdido... ¡maldito laberinto kafkiano!! [acertado comentario gafotas]).

Probé la Kofola, que es la cocacola checa. La tomé en la terraza de un bar de viejos checos, que miraban el fútbol checo, porque así debía ser. Estuve en una fiesta Erasmus. Fui a la ópera. Quise tocar el violoncelo. Comí el peor kebab de mi historia de come-kebabs y un zumo caliente con canela que casi me muero de lo bueno que estaba. Ví a mis dos chicos-checos, amigos a través de una ciudad llamada Amsterdam. (Jakub me regaló un libro checo escrito en árabe... [suuuuuper-normal], y Jáchym una foto y una canica, y también me presentó a Tereza con z). Aún así, faltaba un cuarto chico-checo (que no lo es) pero que debe ir a Praga. Comí chino-checo. Y queso frito (o sanjacobo a lo bruto sin jamón). Caí en la inevitable tienda de antigüedades-baratijas (y me compré un cascabel para el llavero). Cafés variopintados (y gracias a eso aguantábamos hasta las 6 hablando...). Uno de los mejores en un ático preparando la maleta del interrail de Roci y Teresa con s. Jugamos al "¿Qué color crees que soy?'" (se aceptan respuestas) y al "¿qué zapatos soy?", "¿qué bebida soy?" y así sucesivamente. Viví con un Ewok (que resultaba ser el otro compañero del piso).

Aprendí cuatro palabras en checo, y con eso traté de caerle bien al checo medio (tarea no demasiado fácil). Me pusieron una multa en el tren por no entender checo (la humillante cantidad de 16 coronas... unos 0,50 €). Nos encontramos con una especie de Risk desparramado por el suelo, con tarjetas de países. Nos quedamos con alguna cada una. Comprábamos en un 24 horas checo. Un pakistaní nos enseñó a decir "muchas gracias", y a la segunda vez me di por vencida. Recopilé algunos papeles y vimos al padre Apeles. Y estas dos últimas frases son ciertas. Lo prometo. Estuve en el campo dentro de Praga, y en la montaña fuera de ella. Dormí en el suelo, pero sin frío. Desayunamos, comimos, merendamos y cenamos en todas las modalidades; supercutre, cutre, normal, caro (aunque creo que no llegaba a superlujo). Apenas hice fotos, pero hablamos, hablamos, hablamos. Me han dicho que en realidad vi toda la ciudad. Yo creo que no es cierto, sino que vi toda la ciudad que había para mi aquella semana. Monté en metro, tranvía, autobús y tren, y en todos esos trayectos, (además de en los bares y por la calle, y en la cocina o en el ascensor), me sentí exageradamente bien, por no necesitar absolutamente nada.

Encontré este papel pegado en un callejón. Jáchym (el chico-checo) traduce: "La amplitud aparece junto a la torre-murciélago". Y yo no entiendo nada, pero me parece que es demasiado bonito.

Unos han vuelto con la primavera, y otros se irán cuando acabe el verano. Semilleno el compartimento portaequipajes (siempre dejando un hueco, por si acaso...).

NOTA: He de agradecer el título a Diana Recordadora...
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"Nada se pierde... todo se transforma(...)"