jueves, 27 de septiembre de 2007

Recetario portenho

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Submarino
Vaso alto, barrigón y con asa de leche muy caliente al cual se le agnade una chocolatina alargada que se derrite al sumergirse submarinamente, chocolatando la leche.

Milanesa
Filete fino y filete grande empanado, de ternera o pollo base del “Menú ejecutivo” portenho. Si se desea napolitano, habrá que hacer hueco para el puré de papas y la salsa de tomate.

Super-pancho
Perrito caliente normalmente callejero.

Empanada
Hojaldre relleno de diferentes quesos, carnes, jamonquesos y otras espinacas.

Licuado
Batido de frutas con leche o agua grande grande y ummmm, rico rico.

Frutilla (/frutisha/) - Durazno (/durasno/)
Fresa - Melocotón

Jugo de frutishas y durasno = Zumo de fresas y melocotón

Delivery
Te lo llevan a tu casa o a la mía. Acá todo puede ser delivery: la pizza, las pelis del videoclub, los helados, la lavandería, las tiendas de muebles.


Y cada vez que pregunto algo con mi acento lleno de zetas, jotas y eses me reencuentro con la pregunta que de dónde sos, que si andás de paseo o si estudiando, que qué linda Espanha, que si me gusta Buenos Aires.

Hoy me acerqué de casualidad a la Facultad de Derecho, que se me presentó delante llena de elecciones a Rectorado, con pancartas y panfletos, y jóvenes argentinos políticamente implicados (y con Calamaro sonando por algún altavoz). Bien políticos que son estos argentinos.

“No, yo sólo vengo de visita”, y la chica, abre los ojos como platos y me dice “No sos estudiante de Derecho? Esperá… y vos de dónde sos??” y casi me abraza cuando le digo que de Madrid.
Y grita y me dice que vivió en Valencia y que ama Lavapiés y Malasanha y que todo todo lo ama.

Son lindos los argentinos entusiasmados con sus cosas, como el chico de la tienda de puzzles. Le han de gustar mucho a uno los puzzles para poner una tienda sólo de puzzles. Se regaló Daniel a sí mismo las 2000 piezas del puzzle del Jardín de las Delicias, que andamos armando de tanto en tanto en el suelo de la casa, con los muebles retirados para caber.

El otro viernes fue el Día de la Primavera, también celebrado como el Día del Estudiante, y los pibes salieron a hacer picnic a los parques, con sus mates y las guitarras, y las nenas llevaban alguna flor regalada, porque se regalan flores ese día. En el subte, por las avenidas o callecitas me crucé con una especie de San Valentín masivo, más amable, porque nos abrazaba a todos, enamorados o no.
(Y me volvió Calamaro a la memoria con el verso que decía que “qué más quisiera que pasar la vida entera como estudiante en Día de la Primavera”).

Acá se pasean perros de profesión, de 15 en 15 incluso, y mucha gente vive en casas de cerillas. Algunas fachadas son de colores porque sí, sin pedirle permiso a nadie, porque Nadie se lo daría igualmente. Y escriben algunos en esas paredes sus reivindicaciones, “Te amo Marcela” o también “Peor que un gringo que nos compra es un criollo que nos vende”.

Y cómo no, cada cual a lo suyo.
”Lo suyo” es la casa de Fulanito. “Vamos a lo suyo” dice que Fulanito nos invita a un café en su livin’ (room).

Hoy en el museo, me sorprendió una excursión de pibes de colegio uniformado mientras hablaban bajito y para sus adentros delante de un dibujo de Picasso: “Chéee, miráaa, el dibujito está sheno de pijas…!!!”

Los colectiveros además de conducir sus autobuses los customizan, con la foto de la mamá o espumillón de colores. Hasta fotos de Homer (Homero para Latinoamérica) he visto. Cuando el resto de los coches les dejan, hacen su particular Montecarlo, y vuelan gracias a los baches de la calle, aunque creo que no con ánimo de competir (que para eso ya está el fútbol con su Boca y su River).

Ayudan los días con solecito, aunque refresque, porque apetece andar entre acentos relindos (y sin que las miles de baldosas-trampa de las aceras te empapen por pisarlas).
Y al día siguiente ya veremos.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Nuevos Aires Buenos Aires


Y bien, al fin aterricé en Buenos Aires, con aplauso del pasaje completo incluido (la gente se alegra tanto de llegar tras trece horas de vuelo...). Y yo que las pasé entre cabezadas y un par de películas, apenas tuve ocasión de empezar con el libro previsto.

El primer contacto con el país es inevitablemente los banhos del aeropuerto, la cola de inmigración y todo eso. También quieren saber los argentinos dónde te quedarás en Buenos Aires, pero no te preguntan si vienes con intenciones de atentar contra la Casa Rosada.

Ya allí me esperaba Daniel, después de 7 anhos. Una siempre se pregunta cómo será un reencuentro así. Y después de haberlo vivido, la verdad es que no hay muchas palabras que se puedan decir al respecto (ni siquiera las teníamos nosotros).

En remis a casa (taxi), en la radio la gente habla como sacada de una película, parece una broma, una parodia. Pero no. De repente las calles de camino a casa son como los barrios barrios de París, y llueve como ya me habían confesado.

El portenho te desea “que estés bien” cuando se despide de ti, y en casa, huele como en casa de Blanca, cuando yo creía que era imposible que eso fuera posible. El patio interior al que dan las ventanas tiene la estructura de la casa aquella en que vivíamos todos juntos, la casa con ventanas cercanas, que puedes compartir el almuerzo con el de enfrente, porque están aquí al lado. Además se comparte la música entre vecinos, eso sí, sin preguntar ni pedir permiso. Simplemente alguien sube el volumen para inundar el patio. Daniel dice que estamos teniendo suerte, porque aún no les ha dado por el reaggeton (el otro día nos pidieron a gritos que quitáramos a Björk...).

Daniel también se pregunta por las chicas sonrientes de la lavandería, que pasan el día entre lavadoras y calcetines usados, y sin embargo te tratan como un invitado, como buenas anfitrionas de su cuartel general. ¿Será por el suavizante o es que son así de lindas…? Un chico con una maleta negra y grande igual igual que la nuestra, deja y retira la ropa al tiempo, como cronometrando para volver a encontrarnos allá dentro. Y los chinos de la tienda de chinos hablan con acento argentino… lo cual no deja ser, cuanto menos divertido de escuchar.

Y hoy en Palermo guayista, se escucha y se lee en las librerías, se toman submarinos y no se escatima en dulce de leche.

Hay un papá que le dice a su nena “Acordáte que te tiene que quedar Coca para dehpués del alfajor. ¿ Y sha saliste a saltar en los charcos? Y el cole… ¿cómo va?”. Y la nena chiquita, que no está segura de la respuesta, sigue bailando como si fuera una princesa que en lugar de varita lleva una botella de cocacola.

Aún no entiendo esta ciudad, pero Daniel ayuda a que todo sea más fácil. Manhana igual tomo el colectivo yo sola, y ya veremos si salgo volando en el intento.
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"Nada se pierde... todo se transforma(...)"