Como siempre, cada cual cuenta en la postal lo que ve allá por el sitio viajado. Así que para mi fue mejor de noche, y segurísimo que hay quien me lo contradice con toda la razón del mundo. He andado por las mismas calles más de veinte veces (algunas de esas veinte veces fue por haberme perdido... ¡maldito laberinto kafkiano!! [acertado comentario gafotas]).
Probé la Kofola, que es la cocacola checa. La tomé en la terraza de un bar de viejos checos, que miraban el fútbol checo, porque así debía ser. Estuve en una fiesta Erasmus. Fui a la ópera. Quise tocar el violoncelo. Comí el peor kebab de mi historia de come-kebabs y un zumo caliente con canela que casi me muero de lo bueno que estaba. Ví a mis dos chicos-checos, amigos a través de una ciudad llamada Amsterdam. (Jakub me regaló un libro checo escrito en árabe... [suuuuuper-normal], y Jáchym una foto y una canica, y también me presentó a Tereza con z). Aún así, faltaba un cuarto chico-checo (que no lo es) pero que debe ir a Praga. Comí chino-checo. Y queso frito (o sanjacobo a lo bruto sin jamón). Caí en la inevitable tienda de antigüedades-baratijas (y me compré un cascabel para el llavero). Cafés variopintados (y gracias a eso aguantábamos hasta las 6 hablando...). Uno de los mejores en un ático preparando la maleta del interrail de Roci y Teresa con s. Jugamos al "¿Qué color crees que soy?'" (se aceptan respuestas) y al "¿qué zapatos soy?", "¿qué bebida soy?" y así sucesivamente. Viví con un Ewok (que resultaba ser el otro compañero del piso).
Aprendí cuatro palabras en checo, y con eso traté de caerle bien al checo medio (tarea no demasiado fácil). Me pusieron una multa en el tren por no entender checo (la humillante cantidad de 16 coronas... unos 0,50 €). Nos encontramos con una especie de Risk desparramado por el suelo, con tarjetas de países. Nos quedamos con alguna cada una. Comprábamos en un 24 horas checo. Un pakistaní nos enseñó a decir "muchas gracias", y a la segunda vez me di por vencida. Recopilé algunos papeles y vimos al padre Apeles. Y estas dos últimas frases son ciertas. Lo prometo. Estuve en el campo dentro de Praga, y en la montaña fuera de ella. Dormí en el suelo, pero sin frío. Desayunamos, comimos, merendamos y cenamos en todas las modalidades; supercutre, cutre, normal, caro (aunque creo que no llegaba a superlujo). Apenas hice fotos, pero hablamos, hablamos, hablamos. Me han dicho que en realidad vi toda la ciudad. Yo creo que no es cierto, sino que vi toda la ciudad que había para mi aquella semana. Monté en metro, tranvía, autobús y tren, y en todos esos trayectos, (además de en los bares y por la calle, y en la cocina o en el ascensor), me sentí exageradamente bien, por no necesitar absolutamente nada.
Unos han vuelto con la primavera, y otros se irán cuando acabe el verano. Semilleno el compartimento portaequipajes (siempre dejando un hueco, por si acaso...).
NOTA: He de agradecer el título a Diana Recordadora...

1 comentario:
Padre APELES en PRAGA?Oh my god!!!
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