viernes, 3 de agosto de 2007

Todo lo que pasa en el cielo (ademas de la fotogenia)


A pesar de seguir encontrando cuentos allá por donde voy, me retraso semanas enteras para recontarlos. Así que por fin recuento:

Estos últimos días me llegaron por mensajero algunos billetes de avión de recorrido transoceánico que me había pedido. Todas las mañanas me levanto ya en otros lugares (aunque hasta que llegue septiembre sean aún pedazos de sueño). En unas semanas tendré frente a mí dos meses de cielos nuevos (yo miraré para arriba, y buscaré las siete diferencias). Cielos americanos también pero más al sur que los de Diani en espiral.

Los Aires Buenos, las Guates (siempre, siempre, siempre) Buenas y el Bueno que dice el mexicano cuando agarra el teléfono.
Claro, que ya estoy ensayando para no decir palabrotas (que de todos es sabido que por allá no se cogen autobuses ni teléfonos, que resulta de mal gusto).

Agarraré los zapatos con alitas, y me colgaré del brazo de todo aquel que me lleve de excursión (de excursión al supermercado, o de excursión por el bosque de selvas). Trataré de apuntar algo en mi (aún reducido) recetario, para volver y experimentar y utilizar a la pandilla como conejillos de indias para probar mis semi-improvisados menús. Lo mejor será hacer un primer plato dudoso y un postre delicioso (y dejar dulce sabor de boca...). Aunque siempre acertaremos en los entrantes con un plato de deliciosa Sopa de Amor.

Ya me han chivado que habrá alguna que otra abuelita cocinera de quien no perderé oportunidad de aprender...

Me siento cumpliendo una promesa muy gorda, una promesa de aviones, de aeropuertos, de años a miles de años luz de hoy. Promesas hechas en septiembres y cumplidas en septiembres. En cada aeropuerto me espera un ángel, con sus propios zapatos con alas (los ángeles llevan las alas en los zapatos, no en la espalda como se ve en las pinturas). Si se descalzan siguen siendo ángeles, solo que durante ese rato no vuelan, sino andan.

Me asusta el cálculo total de horas al volante imaginario de los cuatro aviones; voy a necesitar música fea y un poco delgado libro viajero. Además ensayaré a no dormir durante las noches americanas, mirando los cielos fotogénicos. Y así me guardo todos los sueños para el traslado, y puedo recontarlos a la llegada (la llegada a donde sea).

En otro orden de cosas, Mercromina mi pez-chica, está definitivamente rellenita de huevos chiquitines por dentro. Cristalmina el supuesto pez-chico, deberá ejercer de padre... (a posteriori, que es como lo hacen ellos), aunque dentro de la pecera no siempre son fáciles las tareas de amor. Igual se me manifiestan por una vivienda digna... Estos dos duermen con los ojos abiertos, y por eso no les despierta la luz (se acostumbraron, como yo, a dormir con la persiana levantada).

Estoy deseando cocinar para quien lea esto y no tenga miedo.
El otro día una chica iba en el metro comiendo algo muy rico y chupándose los dedos.
Y cada vez que lo hacía, sonreía.

(yo creo que lo de la foto era uno de mis ángeles checos...)

1 comentario:

diana dijo...

No dejaré de llevar un plato cualquieriforme en la mochila... por si hay que comer helado de chocolate acompañado (como los cristales cuando llueve).
diana

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"Nada se pierde... todo se transforma(...)"